de Julia Grecia Monge.
Publicado en dramaturgiarteyreflexion.blogspot.com.
A propósito de la presentación del libro
"Cuentos de tetro para niños"
de, Sara Joffré (2008)
Miraba a Sara Joffré y me preocupaba ¿cómo hacer que sus conocimientos sean plenamente transmitidos? ¿cómo , si ahora estaban siendo difundidos para una minoría de cerca de cuarenta personas?. Teniendo poco más de siete décadas de experiencia acumulada, se hallaba ahí de pie (no de manera literal ni menos durante todo el evento por supuesto) publicando su nuevo libro "Cuento de teatro para niños". A su lado se encontraban Christian Isla y luego Ivan Vivanco (exintegrantes del grupo de teatro que fuera dirigido años atrás por la dramaturga), y Miriam Nemes (como siempre más peruana por matrimonio, que brasileña de nacimiento). Todos ellos recordando la gran cruzada emprendida por esta dramaturga veterana y,por supuesto, amante siempre del teatro.
Hablaban de los años 70´s, épocas incomparables para todo aquel que un día soñó este arte con la bandera en altura: con palcos llenos de espectadores cultos y asiduos; con actores comprometidos en su mayoría, con la realidad social que los acogía; pueblos atendidos por itinerantes compañías, y espectáculos de forma y contenido cuidadosamente estructurados; con actores de título ganado; y si bien una puesta escénica "barata", no así catalogada por la calidad artística.
Me trasladaron con sus narraciones, y casi pude sentir la emoción de participar en la época de "El gran laberinto", una forma muy divertida que Sarita encontraba para llevar didácticamente teatro para niños.
Vi entonces cómo se me empezaban a dibujar sonrisas constantes cada que emprendíamos ese viaje al pasado que nunca había yo vivido de forma concreta, y que iba recogiendo con la transmisión oral de una generación de teatreros (como Joffré denomina), a otra.
Realmente me preocupé. Hablábamos de las influencias a las que un niño actual queda expuesto, y el bombardeo de animaciones visuales, conductas morales siempre relativas, y medios de comunicación que evaden la verdadera responsabilidad social y formativa.
Me percaté del enorme compromiso que de hecho llevaba la autora del libro recientemente publicado. Observé a quienes estábamos presentes en la exposición, y si bien el sólo estar ahí manifestaba nuestro interés, ya se notaban rostros aletargados buscando un reloj cerca, lo que me preocupó aun más.
Han sido tantos los cambios ocurridos en nuestra sociedad desde las épocas que rememora Joffré, pensé,...que me son tan palpables ahora al despertar del mundo de los recuerdos que nunca fueron míos.
Al momento de las preguntas era ya escaso el tiempo que disponíamos del espacio, por lo que fueron permitidas sólo tres.
Culminando el evento me acerqué a Sara para agradecer su presencia en la ENSAD y para elaborarle mi pregunta pendiente:
- para quien escribe como para quien actúa es una necesidad el teatro, pero entonces ¿qué necesidad lleva al niño actual a buscar un cuento más haya de la diversión que puede brindarles? la cuál muchos ni siquiera conocen-
Ella respondió algo apresurada, pero con alegre expresión:
-tengo un nieto pequeño, y me tiene cansada como ninguno con sus preguntas acerca de los libros. Él los encontró sin que se los presentase. Es cierto que el ambiente en el que esta envuelto lo ayudó a descubrirlos. Sólo eso nos queda con quienes podamos salvar: confiar en su innata capacidad e ilusión por conocer el mundo.
Santa Clara, 2008
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